Qué es, cómo se detecta, cómo se trata y qué puedes hacer para que tu cachorro tenga las mejores caderas posibles
La displasia de cadera es una de las enfermedades ortopédicas más frecuentes en el perro y una de las que más preocupa a quien va a tener un cachorro de raza mediana o grande. Es una alteración en el desarrollo de la articulación de la cadera: la cabeza del fémur y la cavidad de la pelvis donde encaja (el acetábulo) no se ajustan bien, la articulación queda floja y, con el tiempo, se desgasta y aparece la artrosis.
Es una enfermedad hereditaria, pero no solo genética: la alimentación, el peso y el ejercicio durante el crecimiento influyen mucho en cómo terminan las caderas de un perro predispuesto. Por eso hay dos momentos clave para combatirla: la elección de los padres, antes de que nazca el cachorro, y la forma de criarlo durante su primer año de vida.
Datos clave de un vistazo
- Qué es: un desarrollo anormal de la articulación de la cadera que provoca holgura, dolor y, con los años, artrosis.
- No se nace con ella: las caderas son normales al nacer; la displasia se desarrolla durante el crecimiento, sobre todo en los primeros meses.
- Causa: hereditaria (intervienen muchos genes) y agravada por el exceso de peso, el crecimiento demasiado rápido y el ejercicio inadecuado en el cachorro.
- A quién afecta más: razas medianas, grandes y gigantes, como el Pastor Alemán, el Labrador, el Golden, el Rottweiler, el Mastín o el San Bernardo.
- Diagnóstico seguro: radiografía de caderas, con lectura oficial a partir de los 12 meses (18 en razas gigantes).
- Lo más importante en casa: mantener al perro delgado durante toda su vida.
¿Qué ocurre en la cadera?
La cadera es una articulación de tipo «bola y cavidad». En un perro sano, la cabeza del fémur queda bien encajada y sujeta en el acetábulo, y al moverse las superficies se deslizan de forma suave y uniforme.
En el perro con displasia la articulación es demasiado laxa. En cada paso la cabeza del fémur se sale ligeramente de su sitio (subluxación) y vuelve a entrar, de modo que el peso no se reparte bien y el cartílago sufre en zonas concretas. El cuerpo intenta estabilizar la articulación engrosando la cápsula y formando hueso nuevo en los bordes: así se instala la artrosis, que es la responsable del dolor crónico en el perro adulto.

Factores que influyen
- Genética: es el factor de base. La displasia es poligénica, es decir, intervienen muchos genes, por lo que no existe un test de ADN que la descarte. Los padres con buenas caderas tienen más probabilidades de tener hijos con buenas caderas, pero no es una garantía absoluta.
- Crecimiento demasiado rápido: los cachorros sobrealimentados crecen más deprisa de lo que su esqueleto puede asimilar, y eso favorece la holgura articular.
- Sobrepeso: cada kilo de más es carga extra sobre unas caderas que se están formando. Es el factor ambiental con más peso demostrado.
- Exceso de calcio: dar suplementos de calcio a un cachorro que ya come un pienso completo de crecimiento altera el desarrollo de los huesos y empeora el problema.
- Ejercicio inadecuado: saltos repetidos, subir y bajar escaleras continuamente, carreras largas forzadas o suelos resbaladizos durante el crecimiento sobrecargan la articulación.
Síntomas: cómo reconocerla
La displasia puede dar la cara en dos momentos muy distintos de la vida del perro, y los síntomas no son iguales:
| Perro joven (de 4 a 12 meses) | Perro adulto o mayor | |
|---|---|---|
| Qué provoca el dolor | La holgura de la articulación y la inflamación de la cápsula | La artrosis que se ha ido formando con los años |
| Cómo empieza | De forma bastante brusca, a veces tras una época de mucho juego | Poco a poco, y empeora con el frío y tras el ejercicio |
| Señales típicas | Corre «a saltos de conejo», moviendo las dos patas traseras a la vez; se cansa pronto; se sienta de lado | Rigidez al levantarse, cojera tras los paseos largos, le cuesta subir al coche o al sofá |
| Musculatura | Suele ser normal todavía | Pérdida de músculo en los muslos y la grupa; los hombros parecen más desarrollados |
| Evolución | Muchos mejoran hacia los 12 a 18 meses, cuando la cápsula se engrosa | Es progresiva, pero el dolor se puede controlar bien |
Otras señales en las que fijarse a cualquier edad:
- Marcha contoneándose, balanceando la grupa de un lado a otro al andar.
- Dificultad para levantarse después de estar tumbado, sobre todo por la mañana.
- Rechazo a saltar, a subir escaleras o a correr, o se queda atrás en los paseos.
- Dolor al tocarle la cadera o al estirarle las patas traseras hacia atrás.
- Un «clac» en la cadera al caminar o al levantarse.
- Cambios de carácter: algunos perros con dolor crónico se vuelven más irritables o evitan que les toquen la parte de atrás.
Un detalle importante: el grado que se ve en la radiografía no siempre coincide con lo que el perro siente. Hay perros con caderas muy malas que llevan una vida casi normal y perros con displasias leves que sufren bastante dolor. Por eso el tratamiento se decide valorando al perro, no solo la placa.
Cómo se diagnostica
El veterinario empieza explorando al perro: observa cómo camina, palpa la musculatura y manipula las caderas para valorar el dolor, la movilidad y la holgura. En cachorros puede buscar el llamado signo de Ortolani, un pequeño resalte que se nota cuando la cabeza del fémur vuelve a entrar en su sitio.
La confirmación siempre es radiográfica. Para que la radiografía sea fiable el perro debe estar sedado o anestesiado, bien relajado y colocado boca arriba con las patas traseras estiradas y paralelas. Una placa hecha con el perro despierto y en mala postura puede esconder la displasia o hacerla parecer más grave de lo que es.
Radiografía oficial: los grados de la FCI
En Europa las caderas se clasifican según la escala de la Federación Cinológica Internacional (FCI), que va de la A a la E. Para que el resultado sea oficial el perro debe estar identificado con microchip, el número debe constar en la radiografía y la lectura la hace un evaluador oficial, no el propio veterinario que la toma. La edad mínima general es de 12 meses (18 meses en las razas gigantes), aunque algunos clubes de raza piden más.
Cómo se mide en la radiografía: el ángulo de Norberg
Una de las medidas más usadas es el ángulo de Norberg. Sobre la radiografía se marca el centro de las dos cabezas del fémur y se unen con una línea. Después, desde el centro de cada cabeza, se traza otra línea hasta el borde craneal (delantero) de su cavidad. El ángulo que forman las dos líneas indica cuánto cubre la cavidad a la cabeza del fémur: en una cadera normal es de 105° o más; cuanto más pequeño, más holgada está la articulación.

Así se ve en radiografías reales. A la izquierda, unas caderas normales: la cavidad cubre bien la cabeza del fémur y el ángulo es amplio. A la derecha, unas caderas con displasia: las cavidades son planas y las cabezas del fémur, deformadas, se salen de su sitio, así que el ángulo queda muy por debajo de 105°:

El evaluador combina este ángulo con otros detalles que ve en la placa (cómo encajan las superficies, la forma de la cavidad, si hay artrosis) para dar el grado final:

| Grado | Significado | Qué indica |
|---|---|---|
| A | Sin signos de displasia | Caderas normales |
| B | Caderas casi normales | Ligera holgura o incongruencia, sin artrosis. Se considera libre a efectos de cría |
| C | Displasia leve | Holgura evidente y cambios leves en la articulación |
| D | Displasia media | Subluxación clara y signos de artrosis |
| E | Displasia grave | Luxación o casi luxación y artrosis importante |
Otra forma de medir: el método PennHIP
El PennHIP mide directamente la holgura de la cadera. Con el perro anestesiado se hacen dos radiografías: una empujando la cabeza del fémur dentro de la cavidad (compresión) y otra separándola con un aparato llamado distractor (distracción). Se mide cuánto se aleja el centro de la cabeza del centro de la cavidad y se divide por el radio de la cabeza: el resultado es el índice de distracción, un número entre 0 (cadera totalmente firme) y 1 (cabeza completamente fuera).

Los perros con un índice por debajo de 0,3 tienen muy poco riesgo de desarrollar artrosis, y cuanto más alto es el valor, más probable es que aparezca. Como puede hacerse desde las 16 semanas de edad, es útil para detectar pronto a los cachorros con más riesgo y valorar si son candidatos a una cirugía preventiva. Lo realizan veterinarios con una formación específica en este método.
Tratamiento
No existe una cura que convierta una cadera displásica en una cadera normal, pero sí hay muchas formas de que el perro viva bien y sin dolor. La elección depende de la edad, del grado de displasia, del dolor que tenga y del tipo de vida que lleve.
Tratamiento conservador (sin cirugía)
Es el que siguen la mayoría de los perros y, bien hecho, da muy buenos resultados:
- Control del peso: es la medida más eficaz de todas. En un estudio de referencia con Labradores seguidos durante toda su vida, los perros que se mantuvieron delgados vivieron de media casi dos años más y desarrollaron la artrosis más tarde que sus hermanos con algo de sobrepeso.
- Ejercicio regular y moderado: paseos diarios con correa, de duración constante, mejor varios cortos que uno muy largo el fin de semana. El músculo de la grupa es el mejor soporte de la cadera.
- Natación y fisioterapia: fortalecen la musculatura sin impacto. La hidroterapia y los ejercicios guiados por un fisioterapeuta veterinario son muy útiles.
- Medicación para el dolor: antiinflamatorios veterinarios y, en perros con artrosis, anticuerpos monoclonales de inyección mensual que bloquean una de las señales del dolor. Siempre bajo prescripción del veterinario.
- Suplementos: los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA) de aceite de pescado tienen respaldo científico para reducir la inflamación articular; los condroprotectores pueden ayudar en algunos perros, aunque su eficacia es más discutida.
- Adaptar la casa: alfombras en los suelos resbaladizos, rampas para el coche o el sofá y una cama mullida y firme.
Opciones quirúrgicas
| Cirugía | Edad habitual | En qué consiste |
|---|---|---|
| Sinfisiodesis púbica juvenil | Antes de las 16 a 20 semanas | Cierra prematuramente una zona de crecimiento de la pelvis para que el acetábulo cubra mejor el fémur. Solo sirve si se detecta muy pronto |
| Osteotomía de pelvis (doble o triple) | De 6 a 10 meses, sin artrosis | Corta y gira parte de la pelvis para que la cavidad cubra mejor la cabeza del fémur |
| Prótesis total de cadera | Adultos, cuando el hueso ha terminado de crecer | Sustituye la articulación por una artificial. Es la opción que mejor devuelve la función en casos graves |
| Escisión de cabeza y cuello femoral | Cualquier edad | Retira la cabeza del fémur y el músculo forma una «falsa articulación» sin dolor. Da mejor resultado en perros ligeros |
La cirugía la decide siempre un traumatólogo veterinario después de valorar al perro. Muchas veces, si solo una cadera da problemas, se opera esa y la otra se lleva con tratamiento conservador.
Cómo elegir un cachorro con las mejores caderas posibles
Como la displasia se hereda a través de muchos genes, la única forma eficaz de reducirla en una raza es criar solo con perros que tengan buenas caderas comprobadas. Si vas a comprar un cachorro de una raza con riesgo, esto es lo que debes pedir:
Lista de comprobación antes de reservar un cachorro
Pide los documentos y compruébalos tú mismo:
- Resultado oficial de caderas de los dos padres, con grado A o B, no solo «el veterinario dijo que estaba bien».
- Que el certificado corresponda al perro: el número de microchip del certificado debe coincidir con el del padre o la madre.
- Si es posible, resultados de abuelos y hermanos de camada de los padres. Una familia entera con buenas caderas da más tranquilidad que un solo perro con A.
- Que el criador te enseñe los papeles sin problema. Un criador serio está orgulloso de esos resultados.
- Pregunta qué come el cachorro y cómo lo han criado, para seguir con la misma línea en casa.
Aun así, conviene ser realista: dos padres con caderas A reducen mucho el riesgo, pero no lo eliminan. La genética es la base, y lo que hagas durante el primer año completa el trabajo.
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Cómo criar al cachorro para proteger sus caderas
Durante el crecimiento, sobre todo hasta los 12 a 18 meses en las razas grandes, las decisiones del día a día marcan la diferencia:
Sí debes hacer
- Darle un pienso de cachorro, que tiene la energía y el calcio ajustados para un crecimiento más lento y equilibrado.
- Racionar la comida y pesarla. Debes poder notar sus costillas con facilidad al pasar la mano, sin que se le marquen a la vista.
- Dejarle jugar libremente en terreno blando (hierba, tierra), a su ritmo, parando cuando él quiera.
- Hacer paseos cortos y frecuentes, aumentando la duración poco a poco según crece.
- Poner alfombras o superficies antideslizantes en las zonas de casa por donde corre.
- Trabajar la obediencia y el autocontrol, que no exigen esfuerzo físico y le enseñan a no lanzarse a lo loco.
No debes hacer
- No añadir suplementos de calcio ni vitaminas a un pienso completo de crecimiento. Hacen más daño que bien.
- No dejarle engordar ni darle de comer a voluntad: un cachorro «rellenito» no es un cachorro sano.
- No sacarle a correr junto a la bici ni a hacer carreras largas hasta que termine de crecer.
- No hacerle saltar obstáculos ni subir y bajar escaleras continuamente durante los primeros meses.
- No darle medicamentos de personas si cojea: el ibuprofeno o el paracetamol son tóxicos para el perro.
Si practicas deporte con tu perro, la radiografía oficial de caderas al año de edad te ayuda a decidir cuánto y cómo puede entrenar con seguridad.
¿Puede llevar una vida normal un perro con displasia?
En la mayoría de los casos, sí. Muchos perros con displasia leve o moderada pasean, juegan y disfrutan de su vida durante años con un buen control del peso, ejercicio adaptado y tratamiento del dolor cuando lo necesitan. Lo que sí cambia es la necesidad de constancia: el perro con displasia agradece una rutina estable más que los excesos de fin de semana.
Si tu perro cojea, le cuesta levantarse o ha cambiado su forma de correr, no lo achaques a la edad o a la pereza. Consulta con tu veterinario: cuanto antes se detecte, más opciones de tratamiento hay.
Si quieres saber más sobre la otra gran displasia del perro, consulta nuestro artículo sobre la displasia de codo en el perro.
⚠️ Aviso
Este artículo es divulgativo y no sustituye la valoración de un veterinario. El diagnóstico de la displasia de cadera y la elección del tratamiento, la medicación o la cirugía deben hacerse siempre en la clínica veterinaria.
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