Cómo influye el carácter de cada perro en el adiestramiento y cómo convertirlo en un aliado

Vamos a tratar de explicar, a través de ejemplos prácticos, cómo repercute en el adiestramiento el carácter con el que nace cada perro y de qué forma podemos moldearlo —que no cambiarlo— para convertir ese carácter en un aliado y no en un enemigo.

Introducción: por qué el carácter lo cambia todo

Dos perros de la misma raza, incluso de la misma camada, pueden reaccionar de forma completamente distinta ante el mismo ejercicio. Uno sigue trabajando tras una corrección como si nada; el otro se viene abajo y deja de colaborar. No es que uno sea «bueno» y el otro «malo»: simplemente tienen un carácter diferente y necesitan una forma de trabajo diferente.

El carácter es la suma de dos cosas: lo que el perro trae de nacimiento (su temperamento, heredado de sus padres y de la selección de la raza) y lo que ha vivido (su socialización de cachorro, sus experiencias y, muy especialmente, cómo le hemos tratado nosotros). La genética marca los límites; la educación decide en qué punto de esos límites se queda el perro.

Por eso insistimos tanto en la idea de moldear y no cambiar. Un buen adiestrador no intenta convertir a un perro blando en uno duro ni al revés: aprende a leer lo que tiene delante y adapta la presión, la motivación y el ritmo de trabajo a ese perro concreto.

Conceptos clave para entender este artículo

  • Sensibilidad física: lo que el perro nota y le afecta el contacto o la presión física (un tirón de correa, por ejemplo). Un perro de sensibilidad baja apenas lo acusa; uno de sensibilidad alta lo vive como algo muy fuerte.
  • Sensibilidad auditiva y visual: cómo reacciona ante ruidos fuertes u objetos y situaciones desconocidas.
  • Presión: cualquier estímulo que el perro percibe como desagradable y que quiere evitar: una corrección, una voz firme, una postura corporal, etc.
  • Instinto de evitación: la tendencia natural a hacer lo necesario para librarse de esa presión. Bien usado, es una herramienta de aprendizaje.
  • Bloqueo: cuando la presión supera lo que el perro puede soportar, se «apaga», se queda quieto o se niega a hacer nada. Es justo lo que hay que evitar.
  • Motivación: lo que mueve al perro a trabajar (juego, comida, la presa, el propio guía). Es la gasolina de cualquier adiestramiento.
  • Timing: el momento exacto en que premiamos o corregimos. Un segundo tarde y el perro asocia otra cosa.

Una nota sobre las palabras «dominante» y «sumiso»

En este artículo usamos «dominante» y «sumiso» en el sentido práctico de siempre: para describir lo duro o blando que es un perro, cómo encaja la presión y cuánto se afirma ante otros perros y ante su guía. No quiere decir que el perro intente «mandar en casa». Hoy muchos profesionales prefieren hablar de perros duros o blandos y seguros o inseguros; es la misma idea con otras palabras.

Los tipos de carácter y cómo trabajar con cada uno

Muy dominante

Son perros difíciles de llevar, de adiestrar e incluso de convivir con ellos. Les cuesta mucho hacer equipo con el hombre. La convivencia con ejemplares de su mismo sexo será muy complicada; si es macho, la cosa se complicará aún más y no aceptará fácilmente un compañero canino. Será difícil verlos patronear a otros perros, y no aguantarán la muestra porque somos sus competidores. Las presiones las llevarán bien porque son perros de sensibilidad física muy baja, bajísima: el dolor les hace crecerse, y el instinto de evitación, que en otros perros lleva a la huida o al bloqueo, en estos ejemplares puede llevar a la agresión. Y es que para ellos la presión es una forma de retarlos y no dudarán en aceptar lo que entienden como una forma de plasmar su estatus jerárquico, peleando por mantenerlo. Es muy raro encontrar un ejemplar así en alguna de las razas de muestra, y ello gracias a la buena labor de los criadores, que han seleccionado perros y no cocodrilos.

En la práctica

  • La seguridad es lo primero. Con este perfil, subir la presión no soluciona nada y puede acabar en un mordisco.
  • Nada de pulsos de fuerza: gana quien pone normas claras y constantes, no quien grita más.
  • Controlar la convivencia con perros del mismo sexo y las presentaciones con otros perros.
  • Es un perfil para trabajar con un profesional con experiencia, no para aprender a adiestrar.

Dominante

Muy parecido al caso anterior, pero con una diferencia primordial: se dejan dominar siempre que sepamos hacerlo. Suelen ser perros de un solo dueño, es decir, si viven en ambiente familiar siempre querrán demostrar que son el ejemplar beta, el que va después del alfa, que seríamos nosotros. Son perros que, incluso bien adiestrados, sólo obedecerán al dueño único. De sensibilidad física, visual y auditiva también baja, soportarán bien las presiones y es muy difícil que se vengan abajo, es decir, que aparezca el bloqueo o el instinto de evitación. Son perros ideales para adiestrar cuando empezamos, ya que es muy difícil estropearlos por pasarnos con la presión. Aceptan cualquier método de adiestramiento y, por rudo o arcaico que parezca, dará sus frutos.

Por otro lado, al soportar bien las presiones, éstas deberán subir de intensidad en ciertos momentos. «Este perro está sordo» o «mira que es terco» son frases típicas al referirse a estos ejemplares. Es muy importante mantener unas pautas de obediencia con estos canes para que recuerden en todo momento quién manda. Los gestos jerárquicos son también imprescindibles, porque, aunque el dominante sea dominado, no por eso deja de tener pretensiones de mandar. Siempre tenderán a querer jugárnosla ante cada nuevo reto, ante cada nueva experiencia, y ante las ya conocidas no será ni la primera ni la última vez que intenten resolver la situación sin contar con nosotros. La adaptabilidad a nuevos entornos y piezas suele ser característica común en estos ejemplares.

En la práctica

  • Pocas órdenes, pero que siempre se cumplan. La coherencia vale más que la dureza.
  • Sesiones de obediencia cortas y diarias para mantener las pautas frescas.
  • Que aguante bien la presión no significa que haya que usarla siempre: premiar lo bien hecho acelera el aprendizaje también en estos perros.
  • Cuando ya obedece al guía principal, conviene que el resto de la familia practique con él las órdenes básicas.

Con tendencias dominantes y sumisas (el perro equilibrado)

Hago una unión de ambas tipologías porque a la hora de adiestrar viene a ser parecido; es lo que llamaríamos un ejemplar equilibrado, ni dominante ni sumiso, aunque puede tener más tendencia hacia un lado que hacia otro. Son perros de sensibilidades medias. No soportan todo, pero tampoco se vienen abajo por un tirón de correa; no se asustan de los ruidos fuertes, pero tampoco los ignoran, y ante objetos desconocidos no les da por huir, pero tampoco los pasan por alto, como haría un dominante puro. Su reacción suele ser la prudencia, pero no el miedo. También podría definirse esta tipología como un dominante de sensibilidades medias o altas, o como un sumiso de sensibilidades medias o bajas.

Para mí son los mejores a la hora de adiestrar, ya que las correcciones serán las mínimas. Si el instinto de evitación aparece, me podré aprovechar de él para que siga aprendiendo, nunca dejándole caer en el bloqueo. Utilizando métodos basados en refuerzos positivos aprenderán fácilmente y obedecerán con alegría, y si tenemos que aplicar refuerzos negativos, no necesitaremos que su intensidad sea alta, pues con pocas correcciones asociarán rápido. Sus ganas de agradar y de evitar la presión se convertirán en nuestras mejores aliadas.

A la hora del adiestramiento, mientras que un dominante intentará jugárnosla y necesitaremos reforzar las enseñanzas, con un ejemplar equilibrado apenas será necesario corregir.

En la práctica

  • Basar el trabajo en el refuerzo positivo: juego, comida y felicitación.
  • Correcciones mínimas y suaves; con este perro, menos es más.
  • Aprovechar sus ganas de agradar con ejercicios variados que le mantengan interesado.
  • Terminar siempre las sesiones con un ejercicio que salga bien.

Muy sumiso y sumiso

Si además de su estatus de sumiso le sumamos unas sensibilidades altas —es decir, soporta mal las presiones, el instinto de evitación aparece rápido, el bloqueo es su aliado, los ruidos le asustan y los objetos nuevos le hacen retroceder o incluso huir—, mal asunto a la hora de ponernos a trabajar con este tipo de ejemplar. Son perros a los que continuamente habrá que buscar una forma de motivar. Las motivaciones son la gasolina de cualquier perro, pero mientras que unos ejemplares necesitan simplemente salir al campo o ver un pájaro volar para transformarse, otros necesitarán más, mucho más, para dar de sí lo que llevan dentro.

Son ejemplares muy fáciles de estropear.

Y si la sumisión llega a un alto grado, donde llamaríamos muy sumiso al ejemplar, entonces apaga y vámonos: el perro estará totalmente incapacitado para ser adiestrado. Al igual que ocurría con el otro extremo, con los muy dominantes, es difícil encontrar un ejemplar de estas características. Un perro sumiso, e incluso uno equilibrado, puede ver moldeado su carácter y parecer un muy sumiso por culpa de la falta de conocimiento y tacto de su dueño. Cuántos perros potencialmente bien capacitados han sido desechados por su inutilidad, aunque la inutilidad fuera la de su dueño. Con esto creo que queda clara la importancia del carácter y de conocer la forma de trabajar con cada ejemplar.

En la práctica

  • Motivación ante todo: buscar qué le mueve de verdad (un juguete concreto, la comida, la presa) y guardarlo para el trabajo.
  • Sesiones muy cortas y que terminen antes de que el perro se canse o se agobie.
  • Presentarle ruidos, lugares y objetos nuevos poco a poco, sin forzarle y premiando cada avance.
  • Evitar a toda costa el bloqueo: si aparece, bajar la exigencia y volver a algo que el perro ya sabe hacer.
  • Mucha paciencia: su confianza se gana despacio y se pierde muy rápido.

Falsos dominantes y falsos sumisos

Ésta es una denominación, a mi entender, poco científica o demostrada; es una forma que yo tengo de encuadrar a algunos ejemplares en una tipología de carácter poco definida o difícil de definir. Si recordáis el artículo que trataba sobre el bloqueo, lo entenderéis mejor. Son ejemplares que convierten una actitud instintiva en una actitud aprendida como forma de librarse de la presión. Normalmente suele ser culpa nuestra por no poner remedio a tiempo, por aplicar mal el timing en el adiestramiento o por finalizar las sesiones de forma negativa. También son actitudes aprendidas de cachorros. Ya puse el ejemplo de ese cachorro que al mamar hace daño a su madre y ésta le recrimina; el cachorro chilla porque sufre dolor y la madre, de forma instintiva, cesa el castigo y deja de morderle. Ese cachorro puede coger la costumbre de chillar a la menor presión, aunque no sienta dolor, como forma de liberarse de esa presión o simplemente cuando le acosa otro perro. Esos perros, a la hora de adiestrar, al dar un tironcillo con la correa se pondrán a chillar como si les hiciéramos un daño horrible. Es curioso ver cómo, si esa presión de la correa no cesa, dejan de chillar y suelen acudir al bloqueo, y llega un momento en que, si no retiramos la presión, el perro sale del bloqueo de forma alegre. Ése es un falso sumiso: un perro que nos engaña haciéndonos pensar que es muy sensible cuando realmente no lo es. No quiere decir que sea dominante; es simplemente una forma de definir a este tipo de ejemplares.

El falso dominante, por otra parte, es aquél que muestra tendencias dominantes y, al menor signo de autoridad por parte de otro perro, se humilla rápidamente. En cuanto a las presiones ejercidas por nosotros, lo que a priori nos parece un perro fuerte (de sensibilidad baja) realmente no lo es, y pasa de soportar perfectamente una presión media a venirse completamente abajo si nos pasamos un poquito.

En la práctica

  • Falso sumiso: no dejarse engañar por el primer chillido. Si cada vez que chilla retiramos la presión, le estamos enseñando que chillar funciona. Presión mínima, sí, pero sin ceder justo en ese instante.
  • Falso dominante: subir la exigencia muy poco a poco y vigilar su reacción. Tiene menos margen del que aparenta.
  • En los dos casos, observar la reacción completa del perro y no solo el primer segundo.

Cuadro resumen

Esta tabla recoge de un vistazo las diferencias entre los distintos tipos de carácter y la forma de trabajar con cada uno:

CarácterSensibilidadAnte la presiónCon otros perrosCómo trabajarlo
Muy dominanteMuy bajaSe crece; puede reaccionar con agresiónMuy difícil con los de su mismo sexoSolo con profesional; normas claras, sin pulsos de fuerza
DominanteBajaLa aguanta bien; prueba una y otra vezComplicada con los de su mismo sexoCoherencia, obediencia diaria y premio de lo bien hecho
EquilibradoMediaPrudencia, pero no miedoNormalRefuerzo positivo y correcciones mínimas
SumisoAltaEvitación rápida; riesgo de bloqueoSuele cederMucha motivación, sesiones cortas y paciencia
Muy sumisoMuy altaBloqueo o huidaCede siempreMuy difícil de adiestrar; trabajar primero su confianza
Falso sumisoMenor de lo que aparentaChilla para librarse; luego se recuperaVariableNo ceder al chillido; presión mínima
Falso dominanteMayor de lo que aparentaAguanta hasta un punto y se viene abajoSe humilla ante la autoridad de otro perroSubir la exigencia muy poco a poco

¿Cómo saber qué carácter tiene mi perro?

No hace falta ningún test complicado para hacerse una primera idea. Basta con observar con atención cómo reacciona el perro en situaciones del día a día:

  • Ante un ruido fuerte e inesperado: ¿lo ignora, se sobresalta y se recupera enseguida, o huye y tarda en volver?
  • Ante un objeto o lugar desconocido: ¿se acerca a investigar, lo observa con prudencia o retrocede?
  • Ante un pequeño tirón de correa o una voz firme: ¿sigue como si nada, se corrige y continúa, o se viene abajo?
  • Con otros perros, sobre todo de su mismo sexo: ¿los busca, los ignora, los desafía o se aparta?
  • Después de una corrección: ¿vuelve a buscar al guía y a colaborar, o se aleja y deja de trabajar?

Hay una señal especialmente reveladora: la velocidad de recuperación. Un perro que se asusta pero se recupera en pocos segundos tiene mucho más margen para el adiestramiento que uno que tarda minutos en volver a estar tranquilo.

Aun así, la valoración de un profesional con experiencia ahorra muchos errores, porque, como hemos visto con los «falsos» dominantes y sumisos, las apariencias engañan.

Moldear, no cambiar: las claves

  1. Conocer al perro antes de exigirle. Cada carácter necesita una forma de trabajo distinta.
  2. La motivación es la gasolina. Sin ella, cualquier perro rinde por debajo de lo que puede dar.
  3. Dosificar la presión. La justa para que el perro aprenda, nunca tanta como para llevarle al bloqueo.
  4. Cuidar el timing. Premio y corrección, en el momento exacto.
  5. Terminar siempre en positivo. La última sensación de la sesión es la que el perro se lleva a casa.
  6. Constancia. El carácter se moldea con repetición y coherencia, no en una sola sesión.

Todos y cada uno de los ejemplos que hemos visto, de las diferentes tipologías, se pueden moldear —quiero que quede claro—, pero nunca cambiar. Sobre todo, porque las sensibilidades varían dependiendo de las motivaciones, pero sin motivaciones vuelven a ser como antes.

Conclusión

El carácter de un perro no es ni bueno ni malo: es el punto de partida. Un perro dominante, uno equilibrado y uno sumiso pueden llegar a ser grandes compañeros de trabajo si quien los adiestra sabe leer lo que tiene delante y adaptarse a ellos. El error más común no está en el perro, sino en aplicar a todos la misma receta.

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